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Ebrard responde a Trump sobre el T-MEC: «Depende de muchas cosas» — la ronda de septiembre en Washington decidirá el rumbo

El secretario de Economía Marcelo Ebrard llega a la negociación con una postura de «modo zen» pero sin contrapropuesta clara; la gran incógnita es qué pone México sobre la mesa mientras EU presiona con 10 a 11 puntos pendientes

Donald Trump dijo que quiere firmar el T-MEC antes de noviembre. Marcelo Ebrard respondió con cuatro palabras que lo dicen todo: «Depende de muchas cosas.»

El secretario de Economía de México hizo esa declaración en el contexto de la ronda de negociaciones prevista para la primera semana de septiembre en Washington — la que muchos analistas consideran la más importante desde que comenzó el proceso de revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá. Una reunión que llega cargada de incógnitas, de presiones y de una pregunta que nadie en el equipo negociador mexicano ha respondido con claridad: ¿qué pone México sobre la mesa?

El estado actual de la negociación

El 1 de julio de 2026 pasó sin que se concretara la ampliación del T-MEC bajo el esquema de extensión por 16 años que originalmente se esperaba. El acuerdo sigue vigente hasta 2036 y, en cualquier momento, los tres países pueden acordar una renovación. Pero Trump decidió no firmar entonces — y ahora dice que quiere hacerlo antes de noviembre.

Ebrard tomó la noticia con su característica calma. «No tenemos prisa, pero tampoco nos interesa que exista incertidumbre», escribió en X tras el 1 de julio. Su tono — descrito por analistas como «modo zen» — ha sido consistente a lo largo de todo el proceso: ningún alarmismo, ninguna concesión apresurada, pero tampoco una postura negociadora agresiva.

El problema, según analistas, es que esa calma puede convertirse en debilidad en la mesa de negociación si México llega sin una contrapropuesta sólida.

Lo que EU pide — y lo que México no ha ofrecido

La gran incógnita de la ronda de septiembre es qué es lo que México pondrá sobre la mesa de negociación. Parecería que Ebrard y su equipo han respondido a las demandas del USTR sin una contraoferta y una de las lecciones que dejó la última negociación entre Canadá y el gobierno de Trump es que es indispensable llegar con un ofrecimiento.

Canadá lo entendió y actuó en consecuencia: Ottawa propuso aceptar cuotas a las exportaciones de acero y aluminio, concluir compras de armamento y jets de combate pendientes desde el año pasado y participar en el financiamiento del Domo Dorado a cambio de que EU redujera aranceles a sus vehículos y otros productos de exportación masiva.

México, hasta ahora, no ha mostrado una contrapropuesta equivalente. Este año hay entre 10 y 11 asuntos que EU ya había planteado antes y que siguen sobre la mesa — entre ellos reglas de origen, mecanismo laboral y el llamado «sistema de descuento» para excluir componentes fabricados en EU de los aranceles.

La posición de Ebrard: optimismo con reservas

A pesar de la incertidumbre, Ebrard mostró optimismo cauteloso antes de la ronda de septiembre. «Yo diría que, en resumen, siento que estamos avanzando y estimo que en septiembre ya estaremos llegando, por lo menos, no sé si a un acuerdo total o general, pero sí a acuerdos y arreglos que nos permitan seguir avanzando en nuestro comercio y proteger nuestra actividad económica», afirmó en entrevista con Azucena Uresti para Radio Fórmula.

El objetivo declarado del equipo mexicano para la reunión de septiembre con el representante comercial de EU, Jamieson Greer, es lograr que el mayor número posible de productos mexicanos quede exento de aranceles — especialmente los provenientes de las cadenas de producción integradas entre ambos países.

La frase de Trump que complica todo

El contexto en el que Ebrard dice «depende de muchas cosas» importa tanto como la frase misma. Trump declaró esta semana que México no tiene nada que ofrecer a EU más que «tamales picantes y tomates» — una declaración que, aunque desestimada por analistas por su inexactitud económica, refleja el tono con el que el presidente estadounidense llega a esta negociación.

Un país que en público dice que su contraparte no tiene nada que ofrecer, en privado está exigiendo concesiones en más de diez puntos del tratado. Esa contradicción — el desprecio retórico combinado con las exigencias concretas — define la dificultad de la posición negociadora de México.

Lo que viene

El T-MEC sigue vigente hasta 2036. Ninguna de las partes tiene urgencia legal de firmar nada antes de noviembre. Pero Trump tiene incentivos políticos propios para cerrar un acuerdo antes de las elecciones de mitad de mandato en EU — y México tiene interés en reducir la incertidumbre que afecta la inversión y el crecimiento.

«Depende de muchas cosas», dijo Ebrard. Entre esas cosas están la voluntad política de Trump, la capacidad negociadora del equipo mexicano y la respuesta a la pregunta que aún no tiene respuesta pública: ¿qué está dispuesto a ceder México para cerrar el trato?

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