Jóvenes de Zapotlán de Juárez toman escobas, pinceles y palas para construir paz desde su comunidad
Hay una idea vieja y poderosa detrás de la palabra tequio: el trabajo colectivo para el bien común, sin pago, sin protagonismos, con la convicción de que lo que se construye entre todos pertenece a todos. Esa idea tomó forma este día en Zapotlán de Juárez, cuando jóvenes hidalguenses, servidores públicos y ciudadanía se unieron en una jornada de trabajo comunitario que forma parte de la estrategia nacional Tequios por la Paz.
No fue un evento de fotografías. Fue una jornada de trabajo real — limpieza, mejoramiento y recuperación de espacios públicos de uso común — con el objetivo de que quienes viven en esas colonias y calles tengan entornos más dignos, más seguros y más suyos.

La corresponsabilidad como principio
Lo que ocurrió en Zapotlán de Juárez no fue el gobierno haciendo algo por la comunidad. Fue el gobierno haciendo algo con la comunidad. Esa distinción importa.
El gobernador Julio Menchaca Salazar ha sido enfático en que la construcción de un mejor Hidalgo no puede nutrirse solo de ideas, sueños y planes — tiene que nutrirse también de acciones concretas, hoy, en los municipios donde la gente vive. Y esas acciones son más poderosas cuando involucran a quienes tienen más años por delante para ver sus resultados: las juventudes.
La jornada de Zapotlán de Juárez es un ejemplo de esa corresponsabilidad en acción: tres órdenes de gobierno coordinados, una instancia municipal activa, un instituto estatal que moviliza y jóvenes que deciden, voluntariamente, invertir su tiempo en algo más grande que ellos mismos.
Las juventudes como agentes de cambio
El secretario de Bienestar e Inclusión Social, Ricardo Gómez Moreno, fue claro sobre el significado de esta jornada: «Los Tequios por la Paz representan una oportunidad para fortalecer la participación social de las juventudes mediante acciones con impacto directo en sus municipios.»
Pero su mensaje fue más allá de la logística del evento. «Las juventudes son agentes de cambio. Con estas jornadas promovemos valores como la colaboración, la responsabilidad compartida y el compromiso con nuestras comunidades, generando espacios más seguros, dignos e incluyentes para todas y todos», expresó.
Esa frase resume una apuesta política que el gobierno de Hidalgo ha venido construyendo: que la participación juvenil no puede limitarse a las urnas o a los foros de consulta. Tiene que expresarse también en las calles, en los parques, en los espacios donde la vida cotidiana ocurre y donde la paz — o su ausencia — se siente de manera más concreta.
El director general del Inhjuve, Luis Ricardo Olvera Molina, reconoció el compromiso de quienes participaron en Zapotlán de Juárez y lo colocó en una perspectiva más amplia: «Agradecemos el entusiasmo y compromiso de cada joven que participó en esta jornada. Los Tequios por la Paz son una muestra de que cuando las juventudes trabajan unidas por su comunidad generan cambios positivos que trascienden y fortalecen la convivencia social.»
Por qué los espacios públicos importan
Existe evidencia sólida en urbanismo y criminología sobre algo que la intuición comunitaria ya sabe: los espacios abandonados atraen el abandono. Las calles sin iluminación, los parques con basura acumulada, las canchas deterioradas que nadie usa son señales que comunican desatención — y esa desatención genera más desatención, más inseguridad, más ruptura del tejido social.
Recuperar esos espacios no es solo una cuestión estética. Es una intervención sobre la percepción de seguridad, sobre el sentido de pertenencia y sobre la posibilidad de que una comunidad se reconozca a sí misma como capaz de cuidarse.
Por eso los Tequios por la Paz no son solo limpieza. Son una declaración colectiva de que este espacio nos importa, de que somos capaces de cuidarlo y de que lo que ocurre aquí nos incumbe a todos.
Lo que viene
Los Tequios por la Paz en Hidalgo no terminan en Zapotlán de Juárez. La estrategia contempla jornadas en distintos municipios del estado, con el objetivo de que la participación juvenil en la construcción de entornos seguros se convierta en una práctica sostenida y no en un evento aislado.
Porque la paz no se construye de una sola vez. Se construye todos los días, en cada espacio recuperado, en cada joven que decide que su comunidad vale su tiempo y su esfuerzo.
Y eso, precisamente, es lo que ocurrió hoy en Zapotlán de Juárez.
