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Sheinbaum acusa a Washington de usar «tácticas de injerencia» para dividir a su gabinete

La presidenta Claudia Sheinbaum señaló que EU elogia públicamente a García Harfuch para posicionarlo electoralmente; la consejera jurídica Luisa María Alcalde recordó que México ya legisló para prohibir la propaganda política extranjera en radio y televisión

La presidenta Claudia Sheinbaum lanzó este miércoles una acusación directa contra el gobierno de Estados Unidos durante su conferencia de prensa matutina: Washington recurre a tácticas de injerencia para dividir a su gabinete de seguridad e influir en los procesos electorales mexicanos de 2027.

«Buscan dividirnos internamente, es una de sus estrategias, y no de ahora, de siempre. Generar divisiones al interior del gabinete de seguridad, generar divisiones al interior del gabinete federal. Son tácticas que usan de injerencias. Lo que pasa es que se topan con pared», afirmó la mandataria.

El detonador: los elogios a García Harfuch

Las declaraciones ocurren semanas después de que el director de la DEA, Terrance Cole, calificara al secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, como un «socio de confianza» y «un buen amigo» durante una conferencia. Cuando los periodistas preguntaron a Sheinbaum si esos elogios esconden la intención de posicionar a García Harfuch favorablemente para futuras contiendas electorales, la respuesta fue contundente.

«Piensan que por hablar bien de uno y mal de otros van a generar división, pero fracasan en eso porque hay mucha coordinación y mucho patriotismo de todos en la defensa de México», enfatizó.

La presidenta fue más allá y señaló que estas dinámicas tienen también un componente electoral del lado estadounidense: Sheinbaum atribuyó estas dinámicas al contexto político estadounidense, al señalar que en Washington «usan muchas veces a México como parte de su elección» ante los comicios de mitad de mandato de noviembre.

Las elecciones de 2027: el tablero en juego

El contexto electoral que preocupa a Sheinbaum es de alta densidad política. En 2027 México celebrará elecciones intermedias donde se disputarán gubernaturas de estados fronterizos con EU — Baja California, Chihuahua, Nuevo León, Sinaloa y Sonora — territorios estratégicos tanto para la política interna mexicana como para los intereses de Washington en materia de seguridad, migración y narcotráfico.

La presidenta cuestionó directamente las intenciones de la interferencia estadounidense: «¿Es realmente interés legítimo, genuino por ayudar a México? ¿Es realmente un interés legítimo para combatir a la delincuencia organizada? ¿O quizá estamos viendo cómo sectores de la ultraderecha estadounidense utilizan a nuestro país para posicionarse rumbo a sus elecciones?»

La línea roja: soberanía sin negociación

Sheinbaum fue precisa al trazar la línea entre cooperación e injerencia: «Cuando desde el exterior se dicta quién es culpable y quién no, cuando se busca presionar a nuestras instituciones desde fuera, cuando se normaliza la idea de que otro país puede intervenir en asuntos que solo le corresponden a los mexicanos, ya no estamos hablando de cooperación, estamos hablando de injerencia.»

La mandataria aclaró que México está dispuesto a colaborar con EU en materia de seguridad y combate al narcotráfico, pero con una condición innegociable: «Ningún agente extranjero puede hacer tareas que corresponden exclusivamente a las autoridades mexicanas.»

El marco legal que México construyó

La consejera jurídica de la Presidencia, Luisa María Alcalde, recordó las recientes reformas aprobadas para proteger la soberanía nacional: «Se prohibió la transmisión de propaganda política de gobiernos extranjeros en radio y televisión y se prohibió la intervención extranjera estableciendo la nulidad de elecciones en el caso de comprobarse injerencia.»

Es decir — México no solo acusa, también legisló. Si se comprueba injerencia extranjera en los comicios de 2027, la ley ya contempla la nulidad de esas elecciones.

El fondo del conflicto

Lo que describe Sheinbaum no es un incidente aislado. Es la expresión más reciente de una tensión estructural entre dos países que comparten frontera, economía y crimen organizado, pero que tienen visiones profundamente distintas sobre dónde termina la cooperación y dónde empieza la intervención.

Washington tiene intereses claros en los estados fronterizos mexicanos — control del flujo de drogas, gestión de la migración y estabilidad del T-MEC. Que esos intereses se traduzcan en preferencias sobre quién gobierna esos estados es, para Sheinbaum, exactamente la definición de injerencia.

La presidenta lo resumió con una frase que sintetiza su postura ante la relación bilateral: «México no es piñata de nadie.»

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