Internacional

Trump furioso por filtraciones que revelan reservas de munición agotadas en medio de guerra con Irán

Donald Trump está furioso — y no precisamente con Irán. La furia del presidente estadounidense apunta hacia adentro: hacia quienes dentro de su propia administración filtraron información sobre el agotamiento de las reservas de munición del ejército en un momento que considera crítico para las negociaciones con Teherán.

Según seis fuentes familiarizadas con el tema, Trump se ha quejado en privado en los últimos días de que las informaciones lo muestran débil justo cuando más necesita proyectar fortaleza. El asunto fue central en la reunión de gabinete celebrada en Camp David la semana pasada, donde un frustrado presidente elevó el tono sobre la cobertura mediática del tema.

Los números que preocupan

Las cifras que circulan son las que nadie en la Casa Blanca quería ver publicadas. Según CNN, desde el inicio de la guerra con Irán, EE.UU. ha consumido casi cuatro quintas partes de su inventario de misiles del sistema THAAD y aproximadamente la mitad de sus interceptores Patriot. El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales estima que antes del conflicto EE.UU. contaba con unos 2,200 misiles Patriot y 452 misiles THAAD.

Trump intentó manejar el mensaje públicamente: en Truth Social afirmó que EE.UU. tiene «grandes cantidades de municiones», pero luego reconoció en el Despacho Oval que ciertas municiones están en suministro «más ajustado», aunque insistió en que existe un «suministro virtualmente ilimitado» de armas menos avanzadas.

La contradicción no pasó desapercibida.

Las consecuencias que se extienden más allá de Irán

El problema no afecta solo a EE.UU. Los países del Golfo — Arabia Saudita, los Emiratos, Qatar — dependen de los sistemas THAAD y Patriot para defenderse de posibles represalias iraníes. Si los inventarios estadounidenses están comprometidos, su capacidad de proteger a sus aliados regionales también lo está.

Irán ya lanzó su advertencia: nuevos ataques estadounidenses resultarían en represalias contra instalaciones energéticas y de desalación en el Golfo — una amenaza que, si se materializa, podría afectar gravemente el suministro mundial de petróleo.

El general Dan Caine y otros líderes militares advirtieron a Trump antes del inicio de la guerra que una campaña prolongada afectaría las reservas, particularmente las destinadas a Israel y Ucrania. Trump culpa a Biden: «Tanto fue dado a Ucrania por Biden», declaró.

Para revertir la situación, invocó la Ley de Producción de Defensa y se reunió con directivos de Lockheed Martin y otras empresas para acelerar la fabricación. El problema: estos procesos pueden tardar años en generar resultados significativos.

¿Y México?

La implicación para México es indirecta pero real, y opera en tres frentes:

El primero es económico. Si Irán cumple su amenaza de atacar instalaciones energéticas en el Golfo, los precios del petróleo podrían dispararse. México, como productor y consumidor de hidrocarburos, sentiría ese impacto en su balanza comercial, en el precio de los combustibles y en la inflación.

El segundo es diplomático. México ha mantenido una postura de no alineamiento en el conflicto EE.UU.-Irán. Pero en la medida en que la guerra escala y EE.UU. presiona a sus socios comerciales a tomar postura, el margen de neutralidad mexicana se estrecha — especialmente en el contexto de la renegociación del T-MEC.

El tercero es de seguridad hemisférica. Un EE.UU. militarmente comprometido en Oriente Medio, con reservas de munición bajo presión, es un EE.UU. con menor capacidad y atención para otros frentes — incluido el hemisferio occidental.

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